
Bueno... no es exactamente lo que tenía en mente, ni lo planeado, pero prometí una entrada hoy y me entretuve jugando =D. Éste es un poema que escribí hace poco más de 6 meses, tiene bastante valor sentimental para mí ya que es el primero que he escrito a mano y, en cierto sentido, en tiempo real. Traten de jugar con la velocidad de lectura, si leen demasiado rápido parecerá agresivo; si leen y degustan cada palabra lentamente, parecerá melancólico.
De la insanidad y la sanidad.
No es sino en aquellos momentos en los que uno se siente protegido por su edificio de sanidad, el cual es sinceramente, colosal; siente uno que por fin podrá dejar esa vida de insanidades, dejar de ser esclavo de todos los vicios; pero la sanidad va en contra de nuestra naturaleza, por ello, una sola caída de autoestima podría encender, otra vez, aquellas brasas insanas, todo esto según dicta mi corazón.
Es entonces que vuelvo a sentir que ya nada importa, que haga lo que haga, a Dios le seguirá valiendo un comino. Comienza el deseo autodestructivo; entre tu música tétrica y la precipitación helada de sus nubes de insanidad cayendo sobre mi rostro, destruyendo sin remordimiento alguno aquella sanidad laboriosamente edificada, a la cual dedicaste siglos de mi vida, o al menos lo que parecieron siglos; y llega aquella éxtasis, en la cual uno ríe, uno grita. En cuanto se mira a uno mismo toda aquella lujuria desaparece y no quedan sino escombros y aquel mal sabor en la boca de cuando has cometido un error.
Huyes de mi mismo, corro, corres contra el viento con un diente de león en la mano, a lo alto, deliberadamente dejo atrás toda aquella voluntad. Ves aquel recuerdo de antaño, y esta vez trato de huir saltando del precipicio; otra vez tu música tétrica, pero esta vez arden en insanidad los escombros de mi preciada sanidad, y otra vez la risa y otra vez los gritos, y otra vez tu precipitación helada; y otra vez el mal sabor en la boca de mis pecados bajo la lluvia, la gloriosa lluvia que apaga las llamas insanas y quedas otra vez sin nada, sin sanidad, sin insanidad y sin voluntad. Heme aquí.
Agradezco a Brëndiizh por haber recuperado el poema, que habíase extravíado en la memoria de mi querida máquina escarlata, que en paz descanse, y por haber propuesto que puesiéralo en una entrada.
De la insanidad y la sanidad.
No es sino en aquellos momentos en los que uno se siente protegido por su edificio de sanidad, el cual es sinceramente, colosal; siente uno que por fin podrá dejar esa vida de insanidades, dejar de ser esclavo de todos los vicios; pero la sanidad va en contra de nuestra naturaleza, por ello, una sola caída de autoestima podría encender, otra vez, aquellas brasas insanas, todo esto según dicta mi corazón.
Es entonces que vuelvo a sentir que ya nada importa, que haga lo que haga, a Dios le seguirá valiendo un comino. Comienza el deseo autodestructivo; entre tu música tétrica y la precipitación helada de sus nubes de insanidad cayendo sobre mi rostro, destruyendo sin remordimiento alguno aquella sanidad laboriosamente edificada, a la cual dedicaste siglos de mi vida, o al menos lo que parecieron siglos; y llega aquella éxtasis, en la cual uno ríe, uno grita. En cuanto se mira a uno mismo toda aquella lujuria desaparece y no quedan sino escombros y aquel mal sabor en la boca de cuando has cometido un error.
Huyes de mi mismo, corro, corres contra el viento con un diente de león en la mano, a lo alto, deliberadamente dejo atrás toda aquella voluntad. Ves aquel recuerdo de antaño, y esta vez trato de huir saltando del precipicio; otra vez tu música tétrica, pero esta vez arden en insanidad los escombros de mi preciada sanidad, y otra vez la risa y otra vez los gritos, y otra vez tu precipitación helada; y otra vez el mal sabor en la boca de mis pecados bajo la lluvia, la gloriosa lluvia que apaga las llamas insanas y quedas otra vez sin nada, sin sanidad, sin insanidad y sin voluntad. Heme aquí.
Agradezco a Brëndiizh por haber recuperado el poema, que habíase extravíado en la memoria de mi querida máquina escarlata, que en paz descanse, y por haber propuesto que puesiéralo en una entrada.

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